EL NIRVANA SEGÚN EL BUDISMO - Estado de iluminación absoluta




Aunque se nos dice que la perfección obtenida como fruto de haber seguido el Camino es inefable, ella es denominada en las Escrituras con una variedad de nombres abrumadoramente rica. En Occidente el más conocido de estos es Nirvana, cuya raíz y prefijo son: va, que quiere decir soplo y nir que es una partícula negativa. Su equivalente en pali, “Nibbana”, se compone de la partícula negativa ni y vana que significa deseo egoísta o anhelo.

He aquí la razón de la explicación tradicional de que el Nirvana es “el soplo que apaga” las llamas del deseo, el odio y la ignorancia, así como la de que es el estado en que están completamente ausentes la sed por la experiencia sensual, por la continuación de la existencia e, incluso, por la no existencia.

A pesar de todas estas connotaciones etimológicas, la meta del budismo está muy lejos de ser un estado puramente negativo. Contrariamente a lo que los orientalistas antiguos tomaron por las creencias de los budistas, el Nirvana no es un nulo metafísico y psicológico en que desaparece la individualidad. No puede decirse que deje de existir lo que en realidad no existe: lo único que se extingue es la asunción falsa de que haya un ser individual, distinto e independiente de los procesos psico-físicos que le componen.

Las descripciones positivas del Nirvana son, de hecho, tan frecuentes en las Escrituras como las negativas, si bien hemos de tener en cuenta, en ambos casos, que las descripciones tienen más el carácter de indicación conceptual y verbal que el de definición lógica; lo que se indica es la dirección hacia la realización que deja atrás las indicaciones. No hay una conexión necesaria entre la palabra “naranja” y el fruto que lleva ese nombre. No obstante a alguien que se le ha dicho que es un fruto reluciente y casi esférico que pertenece al género cítrico, podría, con la ayuda de la descripción, identificarlo y tener por si mismo la experiencia única e indefinible de su sabor.

Desde el punto de vista psicológico, el Nirvana es un estado de iluminación absoluta, de éxtasis supremo, de amor y compasión infinita, de serenidad imperturbable y de libertad espiritual sin restricción. Desde el punto de vista ontológico, es, para el Hinayana, lo eterno, lo inmutable, una entidad extramental y espiritual totalmente independiente del proceso cósmico. Para el Mahayana es la Realidad Absoluta que trasciende toda oposición, incluida aquella entre si misma y el Samsara.

El Nirvana visto como el Dharmakaya, u objeto supremo de la consciencia espiritual, es la personificación de la Gran Sabiduría y Compasión y abarca todas las virtudes y perfecciones posibles. El Nirvana es la Luz Infinita (Amitabha) que reluce, no fuera del ser vivo, sino dentro; es también la Vida Ilimitada (Amitayus) que no tiene nada que ver con la inmortalidad personal.


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