BENEFICIOS DE MEDITAR: Yoga en lugo




Meditar es representarse en el espíritu dos ideas o intuiciones para extraer de ambas, como resultado, una tercera. Así, por ejemplo, el que sintiéndose inclinado a la vida presente prefiere las cosas de aquí abajo a las del cielo, si desea convencerse de que la vida futura es preferible a la presente, tiene dos caminos para conseguirlo:
- Uno es el de prestar oídos a quien así se lo asegure, dando crédito a sus palabras y sometiéndose a su autoridad. Ese tal, aun sin darse cuenta alguna de la realidad esencial del problema, ciegamente se inclinará a obrar prefiriendo la vida futura a la presente, movido de la sola autoridad de las palabras que oye.

Mas este método de adquirir la convicción, no se llama propiamente «conocimiento» o «intuición», sino tan sólo «asentimiento o aceptación».

El otro camino consiste en enterarse por sí mismo de que siempre es preferible lo duradero a lo transitorio y de que la vida futura es algo duradero, de estas dos intuiciones resultará en el espíritu una tercera intuición, a saber, que la vida futura es preferible. De esta intuición no cabe convencerse realmente, si no es mediante las dos intuiciones anteriores.

Pues bien, la presencia de ambas en el espíritu para llegar por ellas a la convicción de la tercera, es lo que se llama meditación, consideración, recordación, reflexión, razonamiento o especulación.

Todos estos términos son sinónimos y expresan en el fondo la misma cosa, aunque con diferentes matices accesorios, según que se quiera expresar la mera presencia de las dos ideas previas en el espíritu, sin inferir de ellas la tercera, o también y a la vez este acto de deducción.

Porque es un hecho que, cuando se juntan y aparean las ideas en un cierto orden, nace siempre, como fruto de la unión, otra idea. La idea engendra la idea y es consecuencia de la idea, siempre que se aparea con otra.

Y esto, indefinidamente, como indefinidos son los conocimientos humanos y el acto de producirlos, que es la meditación o el pensamiento.
Sólo con la muerte se cierra u obstruye el camino de las intuiciones, aunque también durante la vida se cierre u obstruya a veces por razón de ciertos obstáculos o impedimentos naturales.

Hay que advertir, en efecto, que aquella indefinida gestación de ideas no se da, más que cuando el sujeto es apto para razonar y capaz de extraer por la meditación ideas nuevas. La mayoría de los hombres, en cambio, si se ven impedidos de enriquecer su caudal ideológico, es tan sólo porque les falta el capital, es decir, las ideas previas de las cuales se hayan de extraer nuevos conocimientos.

Son pues, esos tales como el mercader que carece de mercancías y que por lo tanto no puede obtener ganancia. A veces, sin embargo, cabe que tenga mercancías, pero por no dominar el arte del comercio, tampoco gane con ellas cosa alguna.

Asimismo, también el hombre posee a veces ideas, que son el capital cognoscitivo, pero ignora el arte de emplearlas y manejarlas, es decir, de conjugarlas y aparearlas de modo que de ellas resulte la consecuencia de nuevos conocimientos.

Este modo o método de emplearlas para hacerlas fructificar puede ser conocido, unas veces, mediante una luz divina que de manera innata posee el corazón, como les ocurre a todos los profetas, pero, por eso mismo, este modo de conocimiento es rarísimo y poco frecuente.

Otro modo es el del estudio y la experiencia, que es el normal en la mayoría de los casos. Ocurre también, a veces, que al que medita se le representan espontáneamente al espíritu las ideas previas cuya unión produce como fruto una tercera, pero sin que el sujeto se dé cuenta de cómo este fruto ha nacido ni pueda tampoco explicarlo con palabras, por su exigua experiencia en el arte de la elocución.


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